BREVE HISTORIA DEL AJEDREZ
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LA HISTORIA DEL AJEDREZ, UN DESAFÍO INTELECTUAL
Actualizado a · Lectura: 7 min
“Un día, un embajador del rey de Hind
llegó a la corte persa de Cosroes, y después de un intercambio de cortesías,
sacó ricos regalos de
su soberano y entre ellos había un tablero elaborado con piezas de ébano y
marfil curiosamente talladas. Luego lanzó un desafío: 'Oh gran rey, llama a tus
sabios y haz que resuelvan los misterios de este juego. Si tienen éxito, mi amo
el rey de Hind te pagará tributo como
señor supremo, pero si fallan será una prueba de que los persas tienen un
intelecto inferior y exigiremos tributo a Irán'”.
Este fragmento del poema épico persa Shahnameh (“Libro de los reyes”) es la primera mención conocida del origen del ajedrez. Según su autor, el poeta Fedrousí, el juego se
había originado en el siglo VI a raíz de una disputa por el trono de Hind
(India) entre los hermanos Gav y Talhand: el segundo había muerto en batalla y
su madre, disgustada, recriminó a Gav que hubiera matado a su hermano. Este
negó haberlo hecho y, para probar su inocencia, recreó la batalla usando piezas de marfil que representaban las
cuatro unidades de combate del ejército: la infantería, la caballería, los
elefantes y los carros.
UNA
GRAN FAMILIA
Fuera cierta o no la leyenda que narra Fedrousí, sí se sabe
que el ajedrez tiene su origen en el juego que describe: el chaturanga, cuyo
nombre significa “cuatro divisiones” en referencia a las cuatro piezas que
simbolizan las unidades del ejército
indio. Estas son las más antiguas del juego y corresponden a los
actuales peones (para la infantería), caballos (caballería), alfiles (elefantes) y torres
(carros) de la versión moderna del juego.
El chaturanga, antecesor del
ajedrez, se jugaba con cinco tipos de piezas: un rey, un elefante, un caballero
y un carro en la fila trasera, y cuatro infantes en la fila
delantera. Existían dos variantes del juego, una para cuatro jugadores y una
para dos; en esta última, cada jugador contaba con un rey, un general, ocho
infantes, dos elefantes, dos caballos y dos carros, siguiendo el esquema actual
del ajedrez.
Foto:
iStock/y-studio
Pero lo
cierto es que el ajedrez es solo el integrante más internacional de una
vasta familia de juegos similares entre los que se incluyen el
shogi japonés, el xiangqi chino o el makruk tailandés. Para que un juego sea
considerado parte de la “familia del ajedrez” tiene que cumplir dos requisitos:
que no haya factores de azar involucrados (por ejemplo dados,
como en algunos juegos similares) y que la victoria dependa de la captura de
una única pieza, el rey.
Su popularidad explica la gran diversidad de piezas y reglas:
existen más de doscientos tipos de piezas de
ajedrez, que el historiador David Parlett -especializado en historia de los
juegos- recopiló en su libro The Oxford
History of Board Games. En la versión internacional del juego, solo seis
son consideradas “ortodoxas” o estándar: el peón, la torre, el alfil, el
caballo, la reina o dama y el rey. Los juegos emparentados tienen sus propias
piezas que reflejan la tradición militar de cada lugar: así, por ejemplo, el
xiangqi tiene cañones y
el shogi, lanceros.
Una de las variantes más llamativas del juego es el ajedrez humano, en el
que las personas -a veces ataviadas con ropas de época- actúan como
piezas.
Foto: CC https://bit.ly/3oR5MEa
PASATIEMPO
INTERNACIONAL
La razón de esta gran diversidad se puede atribuir en parte a
las grandes rutas comerciales euroasiáticas (principalmente la Ruta de la Seda)
y en parte a los imperios musulmanes de la Edad Media.
Los árabes adoptaron muchas costumbres persas, entre ellas este juego que se
había vuelto popular en la corte del Imperio
Sasánida, y lo extendieron por Europa y por Asia. Del persa procede
también la expresión shah mat, “el
rey está acabado”: lo que conocemos como checkmate o jaque mate.
Los registros históricos y
hallazgos arqueológicos demuestran que el ajedrez era ya un pasatiempo
internacional a mediados de la Edad Media. Era el juego favorito de monarcas
tan conocidos como Alfonso El Sabio, Iván El Terrible o el califa Harún al-Rashid, quien regaló un juego de marfil
al emperador Carlomagno. También de esa época procede una magnífica
colección de 78 piezas vikingas fabricadas con colmillos de morsa.
Piezas de ajedrez de la Isla de
Lewis (Escandinavia), elaboradas con dientes de morsa y ballena, mitad del siglo
XII. Este es uno de los pocos conjuntos completos de piezas de ajedrez
medievales.
© COURTESY
OF THE TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUM / MUSÉE DE CLUNY
Resulta
interesante constatar como la evolución de las piezas refleja el clima de cada
momento y lugar: tenemos un ejemplo de ello a finales del siglo XV, cuando el
ajedrez se volvió especialmente popular en Europa. En aquel entonces
varias piezas se transformaron considerablemente para
adaptarlo a la naturaleza de las cortes europeas: el consejero, una pieza
introducida por los persas, se transformó en reina; y el alfil y la
torre tomaron diversas apariencias dependiendo del país hasta que se aceptaron
como internacionales sus formas actuales.
DEL
PLACER A LA POLÍTICA
Hasta el siglo XV el ajedrez había sido básicamente un pasatiempo para las clases altas;
además, los juegos tendían a ser muy largos puesto que la reina y el alfil
poseían movimientos limitados a pocos cuadros. El cambio de estas piezas
convirtió el ajedrez en algo mucho más complejo y
estratégico, una auténtica competición intelectual. Empezaron a organizarse
torneos y en 1834 se disputó el primer campeonato internacional conocido entre
el británico Alexander McDonnel y el francés Louis-Charles de la Bourdonnais,
que se erigió en el primer campeón
del mundo de ajedrez, aunque fuera todavía un título no oficial.
Le sucedió el británico Howard
Staunton, que tuvo un papel muy importante a la hora de estandarizar las piezas
y reglas del juego y promocionar el ajedrez a nivel internacional.
Staunton tomó la decisión de adoptar el diseño registrado una década antes por
un diseñador llamado Nathaniel Cooke, con las figuras que hoy representan las
distintas piezas. Todo ello ayudó a homogeneizar el juego y a dar un carácter
oficial los campeonatos y federaciones de ajedrez en la segunda mitad del siglo
XIX.
El ajedrez posiblemente sea el juego de mesa cuyas piezas presentan más
variedad artística. Las hay en todo tipo de formas y materiales, desde las más
simples hasta verdaderas obras de arte, como este juego de porcelana danesa.
Imagen:
CC https://bit.ly/2KjUsRO
La llegada de las dos guerras mundiales y
posteriormente de la Guerra Fría dio otra vuelta de tuerca al juego y lo
convirtió no solo en un deporte intelectual, sino en una batalla política. Las décadas de los
años 50 y 60 vieron un dominio absoluto de los jugadores de la URSS: entre 1951
y 1969, todos los campeones mundiales fueron ciudadanos soviéticos y se
llegaron a organizar dos torneos cuyo nombre era “La Unión Soviética contra el
resto del mundo”, en las que esta se enfrentó a un equipo de jugadores
internacionales y ganó en ambas ocasiones. A pesar de este clima, el ajedrez no
fue incluido en los Juegos Olímpicos hasta 2000 e incluso entonces se limitó a
un juego de exhibición.
HOMBRES,
MUJERES Y MÁQUINAS
Desde su introducción en Europa, el ajedrez siguió caminos
distintos para hombres y mujeres, a veces incluso en la modalidad de juego:
había clubes y torneos separados para
cada sexo, incluso con reglas diferentes; y el juego por correspondencia se
hizo especialmente popular entre las damas de la aristocracia y
la alta burguesía. Una de ellas, que firmaba con el simple seudónimo de “Una
Dama”, publicó en 1860 El ABC del
ajedrez, un manual que popularizó mucho este juego entre las mujeres. La
Unión Soviética, que dominó el ajedrez competitivo durante décadas, promocionó
una profesionalización de las jugadoras que pronto se extendió al resto del
mundo.
Sin embargo, una tercera
inteligencia estaba a punto de entrar en juego: la artificial. El primer programa de ajedrez capaz de ejecutar una partida en condiciones
fue el MacHack VI, desarrollado en 1967 por un estudiante del Instituto de
Tecnología de Massachusetts; aunque sus primeros resultados fueron más bien
malos, un empate y cuatro derrotas. Pero apenas veinte años después, los
programas ya estaban lo bastante desarrollados como para derrotar a la mayoría
de jugadores profesionales.
El año 1996 marcó un antes y un después en la historia del
ajedrez cuando uno de estos programas, Deep Blue, ganó un juego contra el
campeón mundial Gari Kaspárov,
aunque el ruso terminó venciendo el torneo con tres victorias, dos empates y
una derrota. Pero un año después, Deep Blue se tomó su “revancha” -si eso fuera
posible para un programa- y ganó el torneo con dos victorias, una derrota y
tres empates.
En el juego final Kaspárov se rindió, para después descubrir
que habría podido llevar la partida a un empate: atendiendo al relato del poeta
Fedrousí en el Shahnameh habría
debido pagarle tributo, pero para su fortuna era la propia compañía creadora de Deep Blue, IBM, quien ponía el dinero
del premio.
Ahora estimado lector, añadiremos unas fotografías que retratan algunos momentos históricos por los que atravesó el Ajedrez.
EL CHATURANGA: AJEDREZ HINDÚ
Tomado de: PhD. Giraldo Viera Avinaz Mg. Sc. Claudia Herrera Sarango, et al. Metodología para la Enseñanza del Ajedrez Universidad Nacional de Loja, 2022
Los bandos Norte (negras) y Oeste
(amarillas) eran aliados y luchaban contra
los bandos Sur (verdes o blancas) y
Este (rojas), que también jugaban de
compañeros. La salida correspondía
al jugador que llevaba el bando verde.
Las piezas eran:
Un Rajá, cuyo movimiento era
similar a nuestro Rey.
Un Elefante, que andaba en todas
direcciones tan lejos como quisiera el
jugador.
Un Caballo, que se movía corno
el nuestro.
Un Barco, similar a nuestro
Alfil.
Cuatro Peones, que van hacia adelante paso a paso.
Ilustración antigua de dos
jugadores de Shatranj
Fuente: (Wikimedia Commons)
EDAD MEDIA
En el reinado de Alfonso El Sabio
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